ANECDOTARIO: HIGIÉNICO Y DISTRAÍDO

“Foot-ball. El 8 del corriente (marzo de 1890) salieron para Sevilla, en el tren correo, veintidós socios del Club Recreativo de esta ciudad (Huelva) para tomar parte en la partida de foot-ball, la primera de este tipo que se juega en España. El foot-ball es un juego de pelota muy distraído y a la vez muy higiénico, por el mucho ejercicio que requiere. La particularidad de este juego consiste en que en vez de botar el balón con las manos o con la paleta, se bota con los pies y, en casos excepcionales, con los hombros o con la cabeza”. Así describía el diario onubense La Provincia el primer partido de fútbol “oficial” que tuvo lugar en España, que por cierto, terminó con victoria de los sevillanos por 2 – 0.

Pero ¿cómo eran los primeros partidos de fútbol? Según cuentan las crónicas, serían parecidos a los que los Monty Python idearon al enfrentar a las selecciones de filósofos alemanes y griegos ya que, además de que los encuentros podían durar dos horas o incluso más, éstos transcurrían a ráfagas, es decir, que entre jugada y jugada, los equipos se tomaban su tiempo para intercambiar opiniones y sobre todo, para deleitarse con unos buenos cigarros traídos expresamente desde Inglaterra. Suponemos que por esta misma razón, no era necesario alargar los descansos reglamentarios más allá de los 5 minutos.

Por otro lado, cabe señalar que aunque parezca increíble, hubo un tiempo en que en el fútbol no existían ni la picaresca ni los penaltis simulados. Es más, hubo un tiempo en el que ni siquiera existían los árbitros. En 1880, se disputaron en Inglaterra los primeros partidos con “referee” y en España no fue hasta muchos años después cuando se popularizó la frase “y tú ¿de qué equipo eres?” para designar a un árbitro que representara a cada equipo en la contienda. Este era un juez que conocía las reglas del juego (caso no muy habitual en la época) y que no recibía remuneración alguna por su labor. Estos primeros árbitros solían ser elegidos entre los conocidos de los equipos, por lo que su imparcialidad quedaba en entredicho, pero al haber uno por equipo, la situación quedaba, en teoría, igualada.

Las diferencias con el fútbol actual iban más allá, por supuesto, como imaginará el futbolero de pro. Por poner solo dos ejemplos, en lo relativo a la composición de los equipos o a las características del balón, curiosidades ambas a las que dedicaremos nuestro próximo anecdotario.