Del amor al odio, recordando a Fernando Llorente

Hace unos años, Fernando Llorente, delantero del Athletic de Bilbao, anunciaba lo que ya era un secreto a voces: no continuaría en la plantilla en junio de 2013. Lo más seguro es que sea traspasado este mercado invernal porque no cuenta absolutamente nada para Bielsa y el muchacho quiere jugar la Confederaciones con la selección. Este mismo fin de semana Jérémy Perbet, estrella del Mons belga, era substituido y su propia afición le silbaba mientras abandonaba el campo.

Ambos tienen algo en común, además de su innato instinto goleador. Tanto el español como el francés coquetearon con su marcha el pasado verano. Los dos venían de cuajar una fantástica temporada, máximos artilleros de sus equipos, Fernando Trofeo Zarra con 17 dianas y Jérémy Taureau d’Or (premio al mejor goleador en el campeonato de Bélgica) tras sus 23 goles y les empezaron a llover ofertas. Se hablaba un día sí y otro también del traspaso de Perbet a la Premier, del de Llorente al Calcio, al revés, aparecía un tapado con la solución final y en esta encrucijada llegaron a finales de agosto sin el futuro decidido.

Bielsa y Scifo, perros viejos en el mundo del fútbol, daban por hecha su marcha y confeccionaban la temporada sin ellos. No jugaban a penas porque eran el núcleo de ambos proyectos deportivos y el resto de compañeros debían acostumbrarse a no contar con ellos. Un poco el conglomerado de todo, entre rumores y suplencias, la afición vasca y belga empezó a impacientarse y tomaba la larga agonía del culebrón como una falta de amor a los colores y una supuesta avaricia contractual. Los aficionados silbaban constantemente en los entrenamientos (porque en los partidos no jugaban) a los que antaño eran sus ídolos y la bola se hacía más grande.

Se cerró el mercado y ni uno ni otro concretó un traspaso satisfactorio. Una verdadera alegría para afición y entrenador, pensamos los idealistas, pero nada más alejado de la realidad. Lo que iba a ser una historia de tres meses se ha convertido en una larga batalla que todavía aún continua. Llorente no ha conseguido el perdón de Bielsa y la grada lo abuchea. Perbet ha logrado volver al sitio que le pertenecía gradualmente y está entre los máximos goleadores con 11 tantos pero sus hinchas están atentos para silbar y criticar al mínimo fallo, como la pasada jornada ante su mal partido frente al Anderlecht.

Probablemente esto durará hasta enero o junio y se convertirá en un verdadero infierno para hombres que han dado todo por su club y que se irán con un recuerdo infame de lo que puede haber sido la mejor etapa de su carrera. Aquí está el quid de la cuestión. ¿Qué es más importante? ¿El error puntual de un jugador en el momento de querer marcharse o el devenir del equipo que animas hasta la muerte? Porque seamos sinceros, tal como van las cosas, Athletic y Mons necesitan de la calidad de Llorente y Perbet. Hay dos opciones. O bien seguir sintiéndote profundamente traicionado y ver como tu conjunto coquetea con el descenso o bien tragarte tu orgullo y disfrutar al ver como tu estrella te conduce hacia Europa a base de goles.

Una flor no hace primavera. Un jugador solo no lleva a la gloria. Un entrenador solo no conduce el barco hacia buen puerto. La grada sola no gana partidos. Una unión de todos ellos sí consigue grandes gestas. Ya se sabe que entre el amor y el odio hay una línea muy fina, pero en esta línea vemos una gran cantidad de goles perdidos o celebrados según tomemos una opción o otra.