El Fútbol y la Guerra Fría. España y la URSS en la Eurocopa

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la España de Franco quedaba en una posición difícil dentro del contexto europeo, ya que se trataba de un régimen fascista que había ganado la Guerra Civil con el apoyo de Alemania e Italia y a su vez había tomado claro partido por el eje durante el conflicto mundial. De esta forma, muchos dudaban de la pervivencia del régimen tras la victoria de los aliados.

Pero tras la sucesión de acontecimientos que dieron inicio a la Guerra Fría, el papel del régimen franquista cambió en el ideario de las democracias europeas y especialmente de Estados Unidos. Con el carácter indudablemente anticomunista del franquismo, el régimen fue tolerado con la bendición del Vaticano y del gigante americano, bendición certificada tras el encuentro entre Franco y Eisenhower de 1959.

Antes de que el Real Madrid se convirtiera en el gran embajador que Franco necesitaba para estabilizar su posición en el panorama político europeo, la selección ya había servido como instrumento de manipulación ideológica. El término de Furia roja, acuñado apenas en su primera aparición oficial en los Juegos Olímpicos de 1920, tenía, como explica Carlos Toro:“…una idea de diferenciación racial, que, en el fondo, implicaba una superioridad moral sobre el resto de pueblos del mundo, especialmente, claro, de los ‘rojos’.

Un régimen autopromocionado desde el principio como “Primer vencedor del bolchevismo en el campo de batalla”, que designaba a todos los combatientes republicanos como “rojos” y que asociaba marxismo con delincuencia, no pudo digerir que a España le tocase enfrentarse a la URSSen los Cuartos de Final de la Eurocopa de 1960. El 25 de mayo se comunicó a la Federación Soviética que el gobierno español había prohibido a los jugadores viajar a Moscú para disputar el partido de ida, sólo cuatro días antes de la fecha del encuentro. El secretismo rodeó en todo momento a la reunión que mantuvieron diferentes ministros para llegar a esta decisión, aunque parece que fueron Carrero Blanco y Alonso Vega los principales instigadores.

La decisión generó grandes protestas de las autoridades futbolísticas y políticas soviéticas, que pidieron incluso una gran cuantía económica en compensación. En España, silencio y resignación de la gente, que se quedaba con la incógnita de saber si la selección, abanderada por una grandísima generación de jugadores, hubiera podido llevarse el torneo cuya fase final iba a disputarse en París. Curiosamente, fue la URSS la que acabó llevándose el título en Francia.

Cuatro años después, ambos equipos debían volver a enfrentarse en la Eurocopa de 1964 y esta vez España no renunció: era la final y no se podía perder la oportunidad de una victoria histórica y épica ante la ‘pérfida Rusia’. Algunas cosas habían cambiado: se había recuperado las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, sobre todo por motivos comerciales, con una tendencia alcista tanto de las importaciones como exportaciones españolas con el país comunista. Por esto tal vez, las manifestaciones triunfalistas fueron más comedidas, pero no por ello dejaron de lucir. El partido iba a disputarse en Madrid, en el Santiago Bernabéu, escenario de las victorias del Real Madrid y de las manifestaciones del Primero de Mayo, en plena campaña propagandística ideada por Manuel Fraga bajo el lema ’25 años de Paz’.

Antes del encuentro todo eran dudas. ¿Asistiría Franco al palco, arriesgándose a tener que entregar la Copa al capitán ruso? ¿Ondearía la bandera de la hoz y el martillo? ¿Sonaría el himno soviético?…la respuesta a todas estas cuestiones fue positiva. Pese a las suspicacias, el protocolo fue el habitual. Con las banderas ondeando en un día lluvioso y ventoso, ante la atenta mirada de Franco en el palco, los jugadores escucharon los himnos oficiales. Los soviéticos, con su uniforme habitual rojo. La selección española vestía de azul.

El desenlace deportivo es bien conocido por la mayoría de aficionados españoles. Un gol de Marcelino, “otro racial representante aragonés de la cepa hispana” (Carlos Toro), en las postrimerías del encuentro, rompería el empate que se estaba produciendo tras los tantos de Pereda y Khusainov,desatando el delirio y el fervor patriótico de aficionados, políticos y periodistas. El seleccionador español José Villalonga, militar de carrera, ofrecía la copa a “su Excelencia el Jefe del Estado, que ha sido testigo de excepción de cómo estos muchachos han luchado por ella”. Mientras, el delegado de Educación Física y Deportes, José Antonio Elola, resumía: “Éste es el gran triunfo deportivo de la Paz. Es nuestro ofrecimiento al caudillo en los Veinticinco años de Paz”.